domingo, 21 de julio de 2013

Podríamos huir.

-¿A donde crees que vas?-preguntó serio.
-Yo...yo. ¿Por qué me vigilas todo el rato?

Mi enfado me había hecho estallar; ahora miles de pedaditos de mi se esparcían por el suelo incapaces de recomponerse y... incapaces de enmendar lo que acababan de decir, pues no supusieron mas que un certero golpe de mi padre en mi estómago.
Comencé a dudar de que no estubiese sobrio.

-Niñata como vuelvas a intentar engañarme preocupate un poco mas de quien oye tus conversaciones...

-¡Desde cuando tengo prohibido salir de esta casa!- sabía que no tenía que haber dicho nada mas, pero mi orgullo y el poder de decir la última palabra me podían.

Aunque ese día no me iba a ser concedido el honor.
-¡Desde que te juntas con indeseables, borrachos y drogadictos!- se acercó mas a mi.
-Lo que te jode es que sean como tu. -murmure dandole un empujon y bajando las escaleras.

A los dos segundos tenía la mano en el pomo de la puerta cuando oí un golpe seco y sollozos. No me paré; seguí adelante aun con un agudo dolor en el estómago y unas inmensas ganas de vomitar.

Corrí hasta chocar con Zayn y refugiarme en sus brazos.
-¿Que ha pasado pequeña?

Mis lágrimas se volvieron mas violentas y mi respiración entrecortada. Él me acarició la cabeza y me dió un leve beso en la frente esperando a que yo me tranquilizase.
Cuando lo hice, no fui capaz mas que de suplicarle que me llevase lejos de alli. 

Subimos a la moto y cerré los ojos apollandome en su espalda; y hasta que el se giró y me dijo que ya estábamos no me moví ni abrí los ojos.

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